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Desde siempre es sabido que aquellas personas que padecían acné presentaban más problemas de timidez. Sin embargo, estudios científicos avalan actualmente una relación entre padecer acné y presentar baja autoestima.

El acné es una de las patologías más frecuentes de la piel, que se inicia en la adolescencia y puede alargarse hasta bien entrada la adultez. La aparición del acné tiene como causa principal, los desajustes hormonales que se producen en la pubertad y que provocan la aparición de grasa en la piel del joven.

El acné se manifiesta en forma de granos o "espinillas" (puntos negros), con la consiguiente irritación e inflamación cutánea. Las zonas del cuerpo que presentan más acné son la cara (en especial, frente, nariz, barbilla y pómulos), los hombros y la espalda. No obstante, el acné no solo tiene un componente físico sino que su componente emocional puede ser incluso, más importante y letal.

La aparición de granos ocurre normalmente a una edad en la que el joven se está formando psicológicamente, y en la que su aspecto juega un papel fundamental. Muchos jóvenes pueden sentirse rechazados por su imagen y vincular el acné con un problema social, de forma que sus capacidades emocionales se vean afectadas.

Estos chicos suelen tener más problemas de seguridad al sentirse inferiores por su aspecto, y piensan que con esa imagen es imposible alcanzar un éxito social. Pero no podemos olvidar, que en el fondo este problema no es más que un reflejo de una falta de autoestima, que es muy importante tratar para que sus secuelas a la larga son mínimas.

Normalmente, el acné va desapareciendo conforme el joven se hace adulto, pero si no se trabaja el aspecto psicológico, una leve patología puede complicarse y causar problemas a lo largo de toda la vida del individuo.